ciclando
10/08/08
Una mala noche.
De esas en las que recuerdos de toda la vida me van cubriendo como mantas pesadas. No es como en un accidente en el que todo pasa en un segundo. Este día de despedidas y este sueño de tres horas dura noches dentro de la misma noche.
Hoy volvió Puebla, y mi abuelo, y Laura... Pero también vinieron bestias escuálidas de ojos hundidos y cientos de dientes, y el precipicio en el que caigo y nunca despierto antes de tocar el suelo, volvieron las hileras infinitas de postes de la luz que no puedo dejar de mirar desde un tren que a la vez soy yo. Volvió el amor y sus fantasmas.
Me levanté habiendo sudado varios años de mi vida. Con los ojos húmedos, rebosante de angustia, hecho de pasión y de guerra. Agotado.
Hoy me fui de Granada, de Alfredo, de Sabine, de Nerea... y volví al vaso medio vacío que he de llenar de carreteras, de El Salvador, de junglas, de palabras escritas en papeles arrugados.
A las cinco de la mañana rayos de luz ya medían la distancia entre el cielo y el suelo. No me dí tiempo a pensar y salí a despedirme de las calles con un nuevo equipaje a la espalda, hecho de menos ropa y más recuerdos.
Ahora, una hora después, una botella vacía rueda por el autobús y golpea repetidamente mi pie. Me impide cerrar lo ojos, y me obliga a mirar por la ventana el Lago de Nicaragua, por última vez.
Será un placer.

mamácuenca dijo
Nene, tú vales mucho. Un beso.
13 Agosto 2008 | 08:06 PM