Para que nuestros lectores se centren un poco empezarè por ubicar en què andamos trabajando ahora: Colaboramos en el trabajo que realiza La Misiòn de los Padres Jesuitas de Bachajòn, ellos, junto con Las Hermanas, llevan 50 años trabajando en Chiapas con indígenas tzeltales. Vivimos en un cuartito que nos han dejado los Jesuitas en una de sus instalaciones, con baño y cocina compartidos con nuestra vecina Fantina, voluntaria tambièn.

La Misiòn tiene un montòn de proyectos y en ella trabajan tanto religiosos como laicos.

Algunos de los proyectos son la Cooperativa de venta de cafè y miel, Cuidadores de la Tierra, Salud, Mujeres, Formación de Diàconos y Catequistas, Formaciòn de Jueces tzeltales…

Hèctor colabora en el proyecto de Salud (que ya os explicarà èl si quiere, que tiene mucha màs gracia).

Yo colaboro en el proyecto de Mujeres. Como ya sospechàbamos la situación de la mujer dentro de la población tzeltal no es la màs privilegiada. El hombre es el que organiza y manda dentro de casa y el que tiene poder dentro de la comunidad. La mujer se dedica al cuidado de sus hijos (muchos, demasiados), de sus animales, de su casa y de su marido.

El proyecto de Gènero intenta darles la palabra a ellas, que empiecen a salir de sus casas, que se las tome en cuenta en la comunidad y que empiecen a conocer sus derechos como personas.

La forma de trabajar es visitando las comunidades donde se reùnen las coordinadoras de mujeres que luego llevaràn la formación a sus propias comunidades.

Ya estàis màs centrados.

Ayer tuvimos salida a la comunidad de Patate’el. Para llegar hubo que coger un taxi, una furgoneta, una camioneta y andar una media hora, vamos, allì donde el viento da la vuelta estaba Patate’el, una comunidad pequeñita rodeada de montañas.

Los tzeltales hablan en tzeltal, claro. Los hombres tambièn hablan en español pero la mayorìa de las mujeres no, muchas no han ido a la escuela y tampoco saben leer ni escribir.

Yo no hablo tzeltal, claro y como no me entero absolutamente de nada me dedico a sonreir, a observar y a pensar.

Llegamos primero a Chich’ch, donde recogimos a la coordinadora de mujeres de esa comunidad. Cuando llegas a casa de un tzeltal sin que nadie te pregunte si tienes hambre y sin dejar de platicar la mujer de la casa va preparando el desayuno, almuerzo o comida, lo que toque. El almuerzo de ayer fue sopa con huevo y chile y cafè, suerte que habìa cucharas.

Platican, no me entero: pienso. Pienso en còmo serà la fiesta de 15 años a la que me han invitado (tradición mejicana sòlo para las niñas que se les celebra por todo lo alto su “entrada a la edad adulta” organizàndoles una fiesta con misa, banquete y baile incluido) los padres de la casa (sus gemelas cumplen 15 años).

Nos vamos a Patate’el andando. Por el camino platican mucho, no me entero: observo. Observo el paisaje que me rodea, montaña a un lado y rìo al otro. Observo el verde que me rodea, - eso es maìz, que ya se distinguirlo, eso es cafè, creo, eso… eso no sè què es pero seguro que se come - , los tzeltales se comen casi todo lo verde que nace de la tierra y lo que no sirve para curar algo o de champú para el pelo, alucinante.

Llegamos a Patate’el, las mujeres van llegando poco a poco a la iglesia, todas me sonrìen y saludan, yo sonrìo y hago algunas fotos.

Es curioso lo de las fotos y las mujeres, entre que decides hacer una, sacas la càmara y enfocas, han desaparecido la mitad de las mujeres. Ellas, que no han perdido detalle del proceso, se van escondiendo unas detràs de otras muertas de risa y de vergüenza.

Empieza la reuniòn, toda en tzeltal. Observo còmo a las mujeres que no van descalzas las sandalias les quedan pequeñas, a todas, què curioso, no sè por què. Observo que algunas de ellas, mientras escuchan estàn bordando, las tzeltales bordan lo que ven en la naturaleza y lo que les sale del corazòn. Observo sus dientes plateados, me es fácil porque sonrìen mucho, no hay hombres en la reuniòn y estàn tranquilas. Observo su pelo, largo, limpio y bonito.

Tres horas màs tarde termina la reuniòn, creo que ha ido bien, se han puesto de acuerdo en el trabajo de este año, han dicho una oraciòn, han cantado, se han reìdo…

La Coordinadora de Patate’el nos invita a su casa, hora de comer, frijoles, tortilla, maìz, pozol y camote (esta vez sin cuchara). Hasta arriba.

Salimos de la comunidad, deseando que aùn haya carros y sòlo andemos una media hora.

Juan Carlos, ayer estuviste conmigo disfrutando de estas montañas, de estas experiencias.