Tengo pendiente desde hace tiempo escribir este post para tranquilizar a la gente.
Estamos bien, no queremos reducir este blog a experiencias maravillosas y divertidas. Por los comentarios que nos escribìs da la impresiòn de que lo que os llega es sufrimiento y esfuerzo. De que yo estoy disfrutando mucho y Hèctor no tanto.
Nos llama la atenciòn que la gente que conoce a Hèctor no sepa de la ironìa y el humor negro que utiliza siempre. Quedamos en que escribirìa yo este post porque èl ha decidido escribir sòlo lo que y cuando le apetezca, màs para èl que para la gente que lo lea, sin tener que pensar en què pensaràn.
Me gustarìa que estuvièrais aquì un ratito con Hèctor cada uno para que vièrais que sigue siendo el de siempre, con el mismo humor retorcido que me gusta tanto.
La muerte de su abuelo fue una ostia muy grande y su paso por IPODERAC no ha sido de baldosas amarillas pero no se pasa el dìa llorando por las esquinas.
No va a esforzarse para que sus post transmitan algo bueno pero yo que lo tengo cerquita me sentìa en la obligaciòn de deciros esto.
A lo largo del dìa veo muchas veces su sonrisa con dientes de toldo, siento sus abrazos y me sorprendo con su visiòn de las cosas.
Os mando alguna de esas sonrisas suyas de regalo de Reyes.