"Preparativos"

Como cada año por estas fechas en IPODERAC se preparan para ir a Chalma. Chalma es un pueblito precioso con una gran iglesia situado en el Estado de México.

A este viaje van los chicos más grandes, aunque este año se han apuntado también unos cuantos de San Lucas (la casa de Héctor) y otros cuantos de San Pablo (mi casa). En total 23 chicos.

La idea de organizar peregrinaciones a Chalma la tuvo el Padre Didier hace 40 años. El Padre Didier es un cura francés de setentaynosecuántos años, con más partes de su cuerpo operadas que sanas y una vitalidad y energía que ya quisiera yo a los 40.

Lalo es un antiguo trabajador de IPODERAC que hace unos años pensó en incluir a sus chicos en este viaje. Desde entonces cada año se reúne un grupo de unos 50 hombres para vivir esta experiencia.

Unas dos semanas antes del viaje Héctor y yo dijimos que queríamos ir también (Héctor menos convencido al principio por la idea de estar 3 días seguidos rodeado de niños bastante desagradables con él). Tardaron muchos días en contestarnos, mientras tanto yo me dediqué a hacer una encuesta entre niños y profesionales para ver qué opinaban sobre que les acompañara una mujer. Escuché de todo: que no iba a guantar, que era muy duro, que me cuidara de que no me hicieran nada por las noches, que les parecía bien, que no se iban a sentir incómodos, que sería la primera mujer que lo hiciera, que estaba rompiendo con una tradición de muchos años...

Con tantas respuestas diferentes y con muchas ganas de ir decidimos hablar con los directores para que se aseguraran de que no había problema, de que el Padre sabía que una mujer les acompañaría y no me mandara de vuelta en cuanto me viera.

"No hay pedo (problema), vais los dos", fueron las palabras que nos dijeron el día anterior a la salida.

"Día 1"

Nos levantamos a las 2 de la mañana, pues el Mini (autobús escolar del IPO) salía a las 3. En mi casa todavía dudaban de mi capacidad de aguante, incluso dudaban que fuera capaz de levantarme tan temprano.

A las 3 en el Mini. 6 horas de camino hasta La Marquesa, donde empezaríamos a caminar. Un autobús escolar lleno de adolescentes no es el mejor lugar para dormir, asientos pequeños, de plástico duro y no reclinables. Nuestros chicos, como buenos adolescentes, no se duermen si no es escuchando una y otra vez su música favorita. A todo volumen, para descansar mejor.

Llegamos a La Marquesa, 2 horas antes de la cita con el resto del grupo que llenamos con cafés y algunos cigarros compartidos con los chicos.

A las 11 llegó el Padre y el resto del grupo, efectivamente, todo hombres. Nos reunimos en círculo para rezar unas cuantas cosas (que Héctor y yo improvisamos para no dar más razones al Padre) y comenzaron a andar, todos menos el Padre, el educador que iba con nuestro grupo, el conductor del Mini que me esperaba para traerme de regreso, Héctor y yo.
El Padre le estaba diciendo al educador que yo no podría acompañarles porque no iban mujeres en el grupo.

Yo miraba desde lejos, con mi mochila a la espalda, cara de odio, los puños cerrados de rabia y dos lágrimas apunto de asomar.
No era justo, alguien no había hecho bien su trabajo y era la primera noticia que el Padre tenía de mi existencia.

Le pedimos al educador hablar directamente con el Padre y hacia él nos fuimos con nuestra mejor sonrisa. Nos preguntó que qué relación teníamos (-novios, Padre-), que si estábamos casados (-todavía no, Padre-). No nos costó mucho convencerle pero nos advirtió que hace años en ese grupo había habido borrachos y fornicadores y que él no se hacía cargo si me pasaba algo. Si decidíamos ir era bajo nuestra responsabilidad (-por supuesto, Padre-) y echamos a correr para alcanzar al resto del grupo maldiciendo al clero, a los machistas y a todos los responsables de IPODERAC y su forma de jugar con la gente.

Pero empezaba la gran caminata y no podíamos desperdiciar energías. Andando.

Tardamos muchas horas en llegar a la parroquia donde pasaríamos la primera noche, y no porque fuera una gran caminata sino porque hicimos como 6 paradas (presentación, foto de grupo, Pragda - Palabra rusa que significa Verdad. Una reflexión en grupo sobre algún tema. Este año fueron los cuatro elementos, Fuego, Tierra, Agua y Aire, interesante pero excesivo-, comprar comida, comer, misa...).

Durante el camino cada vez que me cruzaba con algún chico me preguntaba -¿sí aguantas Laura?-, así durante 3 días.

Llegó la hora de dormir, en una habitación con 60 hombres y aunque os parezca mentira a la mañana siguiente mi virginidad seguía intacta (je,je).

"Día 2"

El segundo día una parte del camino era el temido "Espinazo del Diablo", una cuesta interminable, de tres horas por lo menos, difícil y muy fría. Me prometí a mí misma quejarme sólo la mitad de las veces que me apeteciera.

Al final resultó ser una cuesta arriba, sí, pero de unos 20 minutos y no tan empinada, ni tan difícil, ni tan fría. A Héctor le hacía gracia imaginarse a cualquiera de ellos en el Camino de Santiago y yo empezaba a cabrearme porque me hubieran infravalorado tanto.
Más misas, oraciones, Pragdas, descansos, fotos, cigarritos a escondidas del Padre (para no tentar a la suerte)...

Nos encantó conocer a gente mayor de 17 años de fuera del IPO y a ellos nos pegamos el resto del viaje, gente divertida y encantadora, ya tenemos amigos en el D.F.

Después de nuestras primeras diferencas con el Padre la verdad es que estuvo muy atento con nosotros el resto del viaje. Me sentí muy integrada y muy a gusto.

"Día 3"

El tercer y último día era la etapa más fácil y más divertida porque en ella se daba la "bienvenida" a los novatos. Después de andar un rato nos pusieron en fila frente a un charco de barro, primera novatada, había que pasarlo de rodillas mientras los veteranos te daban con un palo en la espalda (sobre la mochila). Seguimos andando, nos volvieron a poner en fila y nos ataron un tobillo a cada uno con una cuerda muy larga, nos teníamos que dar la mano por debajo de las piernas y caminar hasta el Ahuehuete (la fuente en la que bautizan a los novatos).Tú luchas por no caerte encima del de delante, seguir caminandoy cantar la canción del Ahuehuete mientras ellos te siguen dando con palos. Más humillante que doloroso.

Llegamos al Ahuehuete, cada novato tiene un padrino que le compra una corona de flores y le tira a la fuente con lo que lleva puesto. Primer baño en 3 días, reconfortante y muy divertido.

En esta parte del viaje se unen las mujeres, ellas esperan en Chalmita y acompañan a los chicos en la última etapa.

Seguimos caminando y llegamos por fin a Chalma, cantamos una canción en la iglesia, tiempo libre para comprar recuerdos (imposible encontrar alguno sin una cruz, una virgen o ambos juntos) y al Mini de regreso.

Fue toda una experienca que me encantó vivir, nos relacionamos con los chicos de otra forma y creo que ayudé a que 60 hombres (incluído un cura de los de toda la vida) empezaran a plantearse un poco que quizá las mujeres no seamos tan incapaces. Aunque tuve que escuchar cosas como que yo era la excepción que confirmaba la regla, que eso era porque yo era deportista (ya), que una mujer se podía quedar maquillando y atrasar al grupo... y un montón de tonterías más.

Nuestra siguiente parada en este viaje será en comunidades indígenas. En muchas de ellas cuando una pareja camina por la calle ella debe ir detrás de él y con la cabeza agachada. A ver cómo me lo monto para que no me expulsen.

Feliz 7 de Enero.