Hola madre!
Hace un ratito que he hablado contigo y no tengo muchas novedades.
Estamos en Acapulco, es 1 de Diciembre y hace un calor insoportable, del que cuando terminas de ducharte y te secas empiezas a sudar como un pollito.
Acapulco es una ciudad dedicada al turismo, al turismo hortera y masivo, además. Lo bueno es que al ser temporada baja de vacaciones la mayoría de los turistas que hay aquí son nacionales, ya sabes, el Martínez que se va con la señora, la suegra, los 4 niños y el perro a pasar unos días a la primera fila de tumbonas de la playa. Así, así, igualito que en Cullera pero a la mejicana, que en vez de sangría y paella en el chiringuito de la playa toman refresco de toronja y chilaquiles con salsa.
Ayer caímos en la trampa, nos fuimos a la playa de La Caleta con todos los Martinez de Acapulco y en 3 horas intentaron vendernos 90 cosas diferentes, no exagero, pero no te doy más detalles porque lo tenemos reservado para un post en el blog.
Hoy hemos sido más listos quela mitad delos Martínez y sólo nos hemos ido con la otra mitad a la isla de la Roqueta.
Hemos atravesado las tres filas de tumbonas y nos hemos perdido por las piedras a ver cangrejos y peces. Sólo nos hemos relacionado con la masa cuando las ganas de una cerveza fría eran demasiado poderosas.
Nuestro hotel no dice nada mejor de Acapulco. Según el cartel tiene piscina, agua caliente, aire, televisión... como decimos nosotos, mentira mentira no es. Lo que no dicen es que la piscina está hecha donde podría ser el cuarto de la basura, que el agua es de un azul inquietante, que el agua caliente sólo es a ratitos, que el aire es un ventilador en el techo que suena todo el rato y que la televisión existe pero los botones no funcinan y sólo existe un mando para "toda la casa" que tiene la señora de recepción que está tumbada en el sillón cambiando su propia tele de telenovela en telenovela.
Oye mamá, que este mail empezó siendo para tí pero que creo que lo cuelgo en el blog. Ahora te digo unas cositas en privado.
* Queremos a los Martínez, qué haríamos sin ellos.

¡Que rarita te estas volviendo!, ¡te pareces a tu tia!. Que digo yo, que en vez de estar panza arriba refunfuñando y contando las cosas que os vendían, podíais haber aprovechado y ver los saltos de los tios esos que se tiran al mar desde un acantilado (creo que se llaman los clavados), aunque si dices que es temporada baja a lo mejor no había ningún chalao dispuesto.
Besos
Vale, tenía sus defectillos, pero habéis estado en la playa de Acapulco. Por aquí hay algunos que no vemos el mar desde hace mucho tiempo y se extraña.