Publicidad:
Terra
La Coctelera

Pura vida

Me marea pensar en la vuelta.

Siento ganas de esconderme dentro del verde y cerrar con doble llave. Y a la vez os necesito a todos. Uno por uno.

Aquí creo que he logrado extender la comprensión de la vida, y han cobrado sentido los discursos que hablan de que la vida no es política, no es competir, no es parecer, no es un expediente académico... Tras el concepto hay experiencia, hay emoción. Me repito diciendo que la vida es lo que has visto, lo que has tocado, lo que has vivido. Lo otro es otra cosa que ya no entiendo y que a la vez me inquieta, me molesta, me da miedo.

Ahora se cual es el mundo real y cual el inventado. Y se que les pasó a quienes dejaron de ser indígenas y se convirtieron en los más ricos en necesidades. La evolución, como antítesis de lo natural, hace que rechace el mito del progreso. Ya se que no persigue ningún fin. No tiene sentido.

La gente aquí está completa. Están llenos y por eso son libres. Desde fuera se ve un puñado de arroz, otro de frijoles y una vieja barca de pesca. Desde dentro la existencia encuentra su esencia.

Por eso me gusta "El Quijote", porque habla de ganas de mear, de cagar, de comer, de follar, de relacionarse, de una vida hecha vida, sin ningún tiempo y con todos los espacios.

No quiero olvidarlo cuando aterrice y me sumerja en la prisa. En esa prisa que me llama desde dentro de un túnel, esa prisa de la vida que busca lo plano, que mira pero no nos deja ver ni percibir, y que acaba siendo prisa por morir.

Echaré de menos las miradas indiscretas desde cabañas de adobe, las voces que enseñan a vivir como ya olvidamos, las ideologías vencidas que hablan de justicia. Aquí, donde cinco meses al año se rompe el cielo, ya echo de menos no lavar mis calcetines bajo los cerros de Chiapas y echaré de menos abrir las ventanas para que la selva viva entre.

¡¡¡¡He sido mamá!!!!

E.S.

No fui a Guatemala.

No quiero más voluntariado con animales, ya trabajé en varias escuelas.

Ando por El Salvador, un país muy pequeño de la costa del Pacífico entre Guatemala y Honduras, alineado con EE.UU., es decir, su esclavo.

El nombre me ponía un poco los pelos de punta, pero le di una oportunidad. No he visto selva. Sí bosque, y mucha montaña. Al igual que Nicaragua, su perfil geográfico es como un acordeón.

La capital no tiene muchos sitios destacados: mercados y más mercados ambulantes, un par de museos decentes, y un Palacio Nacional lindo de veras, que con la catedral y el Teatro Nacional, deben ser los únicos tres edificios limpios de la ciudad.

Maras, delincuencia e inseguridad. Bueno..., no que yo haya visto (estarán en la selva). Aunque, invariablemente, en cada país que dejo me dicen que el siguiente al que voy es peligrosísimo y que tenga muchísimo cuidado. Todo con muchos -ísimos. Si esta progresión es cierta, cuando regrese a México no podré baja a comprar mis frijolitos sin chocarme con alguna prostituta encocada, un multiasesino coprófago o un violador necrófilo con cinco o seis penes protésicos.

Yo por si acaso decidí aparentar ser un tipo malo, o un tipo colgado,,, una mezcla. Es fácil porque toda mi ropa está ya enmohecida y más arrugada que una nalga de Camilo José Cela (mis respetos). Llevo la gorra calada hasta los pómulos y camino pesadamente, como si la gravedad sobre mí fuera de dos grados más que sobre el resto.

Realmente hasta ahora la gente con la que me he encontrado ha sido muy amable, amabilísima. El calor es el criminal. Hoy el sol pega tan fuerte que me va a hacer piar. Y me voy de excursión al monte con mi bocata de plátano frito en una mano, mi cámara de fotos en la otra, y mucha crema protectora en la nariz.

En la estación, que es tan anárquica y sucia como cualquier otra, dos mujeres pelean. Está una en frente de la otra gritándose. No entiendo mucho, frases sueltas como: iuelagranputa o aitivá quidalmuelta soiaputa. Son dos propietarias de puestos cercanos. Lo se porque una tercera señora tendera me lo dice, mira:

- Trabajan ahí las dos pegaítas.

- Ah.

Respondo intentando mostrar todo el desinterés posible. No sirve...

- Tienen años de estar aquí en la terminal pero no je llevan.

La mujer seca el sudor de sus manos en el delantal que lleva puesto, y con un hábil movimiento de muñeca lo echa sobre su hombro, mostrando una panza de la que tarde o temprano debe salir un canguro.

- Ya veo, ya.

Me aburro.

- Pero nunca je van a golpiar porque el hemmano de eja -señala a una de las dos mujeres con los labios) es mariero.

- ¿Perdón? ¿Que es qué?

- Marero, el hemmano es marero.

Me lo repite sorprendida, gesticulando con cada palabra.

- Ah, vaya. -joder Héctor, céntrate un poquito que nos buscamos un lío- Pues es una lástima.

Me alejo de la señora discretamente, antes de que lea el cartel de: "DAME UNA PALIZA" que llevo puesto.

Miro los autobuses aparcados. Son auténticas piezas de museo del "frikismo". Posters de Jesucristo, pegatinas de piolín y de buldogs babeantes, banderines del Real Madrid o del Barcelona, frases del tipo: Jesús murió por ti ¿Qué has hecho hoy tú por él? Y decorado con coloridos visillos en cada ventana. Todo esto mezclado en un mismo bus, al que suben, además de los viajeros: vendedores de medicinas (remedios contra el reuma, contra los nervios, el mal aliento, para el cerebro ¿?), vendedores de raticidas, de lámparas, de calendarios... e infinidad de mendigos. Mi favorito es un señor ciego con un megáfono y una armónica. Me quedo mirándole hasta que una mano agarra mi brazo.

- Hola, ¿de dónde eres?

Es una de las dos mujeres que discutían hace un rato, pero no se si es la del hermano pandillero.

- De España.

- ¿Quieres un café?

Ella vende café, y sigue tocando los pelos de mi brazo como si pretendiera sugestionarme para que pidiera treinta cafés.

- Sí claro, un café. Por favor.

Intento no bajar la mirada a su mano. Seguro que es la hermana del marero, seguro. Busco lágrimas tatuadas, pero nada...

- ¿Y cómo has venido? ¿En autobús?

Dice esto mientras me prepara el café con la mano que le queda libre, convencida de que si sigue pediré veintinueve más.

- No realmente. Ahora vengo de San Salvador.

Me cuesta no hacer un chiste con la idea de venir de España en bus, pero se que si la incomodo, en diez minutos puedo estar tirado en un retrete de la terminal con la lengua asomando por una raja de mi cuello y la gorra bien dobladita metida por el c*l*.

Alguien grita <<¡Perquín, Perquín, Perquiiiiiiiiiiin!>>. Mi destino.

- ¡Mi destino! Tengo que irme. Tome.

Ella suelta mi brazo para coger el dinero (benditos US dollars), y me escapo hacia mi autobús. Entro y me siento detrás, lo más alejado del andén.

Poco después entra el señor ciego con el megáfono y la armónica.

...Quizá me adelante un poco.

ciclando

10/08/08

Una mala noche.

De esas en las que recuerdos de toda la vida me van cubriendo como mantas pesadas. No es como en un accidente en el que todo pasa en un segundo. Este día de despedidas y este sueño de tres horas dura noches dentro de la misma noche.

Hoy volvió Puebla, y mi abuelo, y Laura... Pero también vinieron bestias escuálidas de ojos hundidos y cientos de dientes, y el precipicio en el que caigo y nunca despierto antes de tocar el suelo, volvieron las hileras infinitas de postes de la luz que no puedo dejar de mirar desde un tren que a la vez soy yo. Volvió el amor y sus fantasmas.

Me levanté habiendo sudado varios años de mi vida. Con los ojos húmedos, rebosante de angustia, hecho de pasión y de guerra. Agotado.

Hoy me fui de Granada, de Alfredo, de Sabine, de Nerea... y volví al vaso medio vacío que he de llenar de carreteras, de El Salvador, de junglas, de palabras escritas en papeles arrugados.

A las cinco de la mañana rayos de luz ya medían la distancia entre el cielo y el suelo. No me dí tiempo a pensar y salí a despedirme de las calles con un nuevo equipaje a la espalda, hecho de menos ropa y más recuerdos.

Ahora, una hora después, una botella vacía rueda por el autobús y golpea repetidamente mi pie. Me impide cerrar lo ojos, y me obliga a mirar por la ventana el Lago de Nicaragua, por última vez.

Será un placer.

Pasaba por aquí

Hace tiempo que ni yo mismo me asomaba a esta ventana.

.

Me desperté la madrugada del lunes con sudores fríos por la espalda pensando que hace muchas semanas que no alimento a este blog que traje al mundo. Y ya me llega el olor del niño por debajo de la puerta.

.

Seis cibercafés visitados en tres días y en ninguno he sido capaz de colgar fotos. Quería poner fotos para no tener que escribir, pero hay que joderse con el ADSL de Nicaragua...

.

.

No estoy excesivamente eufórico ni tampoco emocionalmente gris, así que esto no será muy divertido ni tampoco interesante, pero vamos allá.

.

Nicaragua, la tierra de Rubén Darío y de nosecuantos poetas más, a pesar de que por aquí no se lee ni la etiqueta del champú en el baño. Tan intensa como incomprensible, acomodada en el fracaso y respirando de revoluciones extintas, de naturaleza salvaje y ciudades estercoléricas. Y verde volcánico. Mucho. Mires donde mires. Granada es un poco de lo mismo pero más pequeño. Colonial, majestuosa y paupérrima, con mercados podridos plagados de perros deshechos que se mezclan con discotecas gringosas que ofrecen dos por uno en ron, cerveza, meretrices adolescentes y servicio de parking.

.

.
Mi oficio los niños. También las niñas.

Doy clase a hordas de prepúberes nicaragüenses que me llaman de usted. Con algunos bien. Otros, desde que me ven, me piden cada una de las prendas que llevo puestas. Gratis.

.

Hoy ha ocurrido esto. He dicho que no y han pasado de mí el resto del tiempo. Lo que ocurre cuando pasan de mi es que el aula se convierte progresivamente en la grada ultra de un campo de fútbol. Alargo el cuello buscando ayuda en mi compañero de trabajo y le veo arrojando bolas de papel a los insurrectos. Me llevo las manos a la cara. Pienso que si el día mejora un poco por la tarde estaré revolcándome sobre cristales.

.

.

Colaboro en otra asociación donde no tengo que hablar, nadie me habla, no veo caras y nadie me toca. Lo que hago es inventarme proyectos sociales para la zona con resultados lo más parecidos a Alicia en el País de las Maravillas. Misegundasociación lo envía a gente que lo subvenciona porque prácticamente caga dinero y ha pensado en ir comprándose una parcela en el cielo antes de que el cretino de Al Gore se haga con todo.

.

.

Mi tiempo también es relacionarme con voluntarios escrupulosamente seleccionados (las brigadas alemanas no están mal), ver cine latinoamericano (películas que he visto merecen la destrucción total de su nación), romperme la espina dorsal en clases de capoeira 3 veces por semana y fumar tabaco de 27 céntimos de euro el paquete (para compensar lo de la capoeira).

.

.

Bien. Si, bien. Muuuuuuuy tranquilo. La idea del cercano regreso se me agarrota a veces en la nuca, pero tengo muchas ganas del siguiente viaje dentro del viaje.

.

.

El Salvador. El domingo. A enterarme de cerca de que es eso de las maras y tatuarme “yourmotherinwonderland” alrededor del cuello. ...Todavía no me creo que sea el único país con más delincuencia en la calle que en el gobierno.

.

.

Cuando lo vea os cuento. O no. No me presionéis.

.

.

Y ahora las fotos. Solo yo las veo (como a mi amiguito verde que me pide que queme cosas), pero me ha dado rabia no poder colgarlas, así que a participar de mi locura. Quizá no os gusten. Recordad, amigos, que en el último capitulo la cámara guay se la llevo Laura, y Héctor se compró una cámara milenaria de las de carrete, que solo se fabrican en Swazilandia y solo se venden en Honduras...

.

- Foto 1: La proa de una barca de madera con una soga enrollada en el suelo, y al fondo el volcán Concepción de la Isla de Ometepe con muchas nubes en la cima. La foto en azul tungsteno. Chula, eh? Si, otro volcán, ya se. Pero es lo que hay por aquí. Cuando vea un unicornio o al ave fénix, cambiará el cuento.

.

- Foto 2: Yo mismo al lado del cartel del albergue donde me alojé en Ometepe. Se llamaba “Chico largo”, jajajajajjjjjajaj!! Diox, me mondo! Siendo así de ingenioso y de lamentable o me río como un subnormal o tendría que suicidarme. En fin...

.

- Foto 3: Fachada de la Catedral de León. Dicen que es la más grande de Centroamérica. No se. La más sucia y descuidada (por fuera) si me parece. Se ve casi gris por la humedad que la envuelve, un cuerpo central de quince metros y blablabla. Lo mejor es que dándole una propina al monaguillo se puede subir al techo, ver León desde allí, poner la mano en las campanas y estar mucho más cerca de los Ángeles, que es de lo que se trata.

.

- Foto 4: También León. A la salida de la catedral. Foto de grupo para la portada de un disco. Cuatro alemanes, dos americanos, una colombiana y un getafense. Todos sonreímos un montón como si acabáramos de graduarnos con matricula de honor en la universidad de la risa. A ver... No, yo no sonrío... me estoy tocando el extremo izquierdo del bigote con la punta de la lengua. Da igual, eso también es divertidísimo y seguro que me encontraba japy japy. Hacedlo.

.

- Foto 5: Un escarabajo pelotero empujando una formación excrementosa descomunal. Si yo fuera el escarabajo, estaría haciendo rodar una mierda del tamaño de la Catedral de León, con campanas y todo.

.

.

Perdón por el post, me parece tan ingenioso como las portadas de las revistas de crucigramas, pero no tengo el coco para mucho más. Seguro que es por el tabaco.

.

.

Os quiero y eso.

: )

Puebla, México. Otra vez aquí.

Descubriendo el mundo de la diversidad sexual. Trabajo en Erósfera, Asociación por las Libertades Sexuales de Puebla.

Cada día aprendo varias palabras nuevas, nuevas definiciones que me abren la mente a ideas, mundos y reflexiones desconocidas para mí.

Es un centro que nació de la agrupación de otros. Gente super competente, agradable y dispuesta a sacarme de mi ignorancia respecto al tema a la vez que aprovechan la ayuda que yo les puedo dar.

Mi función en este sitio es hacer un diagnóstico social con un grupo de mujeres transexuales. ¿Será coincidencia o es que mi destino es trabajar con colectivos de mujeres?, indígenas, presas, trans... tortugas marinas (que también serán chicas porque trabajaré con las mamás y sus bebés).

Puebla sigue igual, preciosa, con la diferencia de que ya no es desconocida para mí y aunque el otro día me perdí y estuve andando desorientada una hora y media, me siento como en casa.

Vivo con un amigo de un amigo, los mexicanos son así.

Pequeño, te quiero. Te toca.

Decisiones

Sé que no tengo perdón. Llevo un mes sin manifestarme por este rincón. No tengo excusa.

Os pondré al día.

Sigo en Guatemala, en Xela. He decidido quedarme un par de semanas más. Llegó el día previsto de mi partida y no me sentía feliz. Se me ocurrió alargar la estancia y me entró un ataque de pánico por el hecho de tener que tomar una decisión (ya sabes de lo que hablo, Cris). Pasados los momentos de miedo me dije a mi misma ¡qué cojones!, ¿acaso me esperan en otro lado urgentemente?,No, pues ya está, me quedo... y me quedé.

Vivo en un hostal suuuuuper bonito, dejé a mi familia, me apetecía un poco de independencia.

Me gusta Xela, creo que tienen que pasar unos días para encontrarle el encanto, pero lo tiene.

Esta semana no voy a la prisión, la estoy dedicando a disfrutar de mi retorno a la vida de maruja. He descorchado mi botella de aceite de oliva y saboreo los desayunos en mi patio rodeada de geranios.

Quizá mañana vaya a unos vahos naturales a relajarme un poco, o quizá no.

Qué duro es tomar decisiones.

Gringos en almíbar

Granada, Nicaragua. Fiesta de voluntarios.

.

Yo soy voluntario y estoy invitado. Intento eso de que me duele la cabeza, que hace poco me extrajeron tres muelas del juicio, que me han sentado mal los frijoles del desayuno o que la secta de los hikikomoris del séptimo día a la que pertenezco me prohíbe cualquier reunión social con más de dos personas en un mismo espacio. No me sirve para escaquearme esta vez. Tendré que asistir.
.

Dos chicos altos, rubios y rosas han venido expresamente a informarme del evento desde la embajada de Babel que es su casa de voluntarios. Uno es Grant y otro Jimmy. Uno es de Toronto y el otro del estado de Arkansas, pero no soy capaz de unir correctamente rostro-nacionalidad-nombre. Les sonrío mucho guiñando ambos ojos y les digo que iré, pero que no pienso llevar nada. Parece que esto les hace gracia.
.

Un rato después vienen a por mí una docena de "gringos" variados, como llaman aquí a todo el que no es "nica". Un par de ellos habla y entiende español. El inglés que tanto me sirvió para ligar con "guiris" en las playas de Ibiza parece que se me quedo olvidado en los montes de Chiapas.
.

.

Llegamos a la "party house". Chicos y chicas de todo el mundo conocido encantados de venir a Nicaragua para conocer gente de su mismo país cargan con bolsas de patatas fritas, botellas de cerveza, tupper's con fruta, ollas con arroz, huevos rellenos, pasteles caseros... Yo no llevo nada.
.

Dentro de la casa otros once norteamericanos nos reciben. Doy apretones de manos maquinalmente. Hay mucha gente aquí y todos tienen manos. Se me acumulan. Oigo nombres como Grant, Isaias, Syren, Jimmy, Stephen, Nora, Mandy, Sonja... Ninguno se pronuncia como creo en un primer momento. Al principio no distingo las caras. Todas con rasgos distintos y todas se mezclan y acaban siendo la misma, la cara de voluntario. Seguro que la mía también es así. La he estado ensayando: sonriente, despreocupado, viviendo un segundo "Erasmus" y a la vez emocionado por formar parte de una revolución perfectamente planificada que hará a los pobres ricos y a los ricos monstruos.
.

Me esperaba una fiesta con ponche adulterado, recreaciones de Sodoma y Gomorra en cada habitación y algún chaval de Carolina del Norte (por ejemplo) atrincherado en el baño fumando de su pipa de crack con un gorro de lana calado hasta las cejas. No es así. Todo está organizado y todo el mundo sabe lo que tiene que hacer.
.

Cada persona saluda y charla sonriendo como si le pagaran por ello. Cogen un plato de plástico y se sirven de los recipientes con comida previamente colocados en la mesa. Parece que lo tuvieran ensayado y así es. Todos los lunes se reúnen para hacer lo mismo en la misma casa.
.

Me ofrecen un plato. Me disculpo con la historia de los frijoles y el desayuno y cojo una cerveza.
.

.

En el salón se va juntando bastante gente para ver el béisbol. Me acerco distraídamente golpeando con los dedos la lata de cerveza según el ritmo de la música de batería que se oye de fondo.

.

.

Me siento en el sofá. Resulta que son las fases finales de no se qué torneo en no se qué país. Intento aprender algo de este deporte, pero la gente quiere hablar.
.


- ¿De dónde eres?

.

Es la pregunta mágica de todos los voluntarios. La segunda es ¿Donde está el karaoke?
Contesto que soy de España y alguien me dice que en otra casa de voluntarios hay una chica de Argentina. Respondo que eso es realmente estupendo, pido disculpas y, a pesar de que la mesita que tengo delante está llena de basura, me levanto a tirar la lata de cerveza vacía.

.

En la cocina un grupo de seis voluntarios juega a las cartas y se ríen en sus respectivos idiomas. Una chica (de Suecia, creo) sigue la partida de cerca mientras devora un plato de fruta en almíbar con arroz que sostiene sobre sus piernas.

.

Sigo sin hambre. Me sirvo un café y vuelvo al salón.

.

.

Aunque hay gente de pie, han respetado el sitio que ocupaba en el sofá. Eso me gusta. Vuelvo a sentarme.

.

Stephen es alemán, está a mi lado y se empeña en explicarme la diferencia entre el béisbol y el softbol. Casi no le entiendo ni cuando pronuncia baseball. No me importa. Creo que interrumpirle no serviría de nada. Me acuerdo de la chica que come arroz con fruta en la cocina. -¿Se habrá servido otro plato? ¿Estará vomitando en el baño? ¿Le habrá añadido ketchup?-

.

Stephen termina de hablar. Le digo que todo eso es muy interesante y contraataco. Empiezo a hablarle sobre las letrinas de Chiapas mientras sorbo café. Voy recuperando algo del inglés de urgencias que todos tenemos e intento concienciar a mi compañero de la necesidad de combatir el fecalismo al aire libre en el sur de México. Creo que él tampoco entiende nada, pero hemos estado hablando más de una hora y sólo eso me parece importante.
.

Stephen me invita a participar en la partida de cartas de la cocina. Acepto. Mientras me explican el nombre del juego y sus reglas busco a la chica del almíbar. Ni rastro. Todos/as hablan y hacen bromas en inglés. Me cuesta seguirles y sonrío con gesto nervioso como si acabara de oír un chiste malo y a la vez se me hubiera metido el calzoncillo por medio del culo. Pienso que exactamente así se sentirá nuestro presidente en las reuniones con otros gobernantes. Le maldigo a él y a todo nuestro sistema educativo mientras procuro controlar mis gestos y no parecer retardado.

.

.

La gente empieza a despedirse.

.

Chicos que no recuerdo me llaman por mi nombre y algunos con los que creo haber estado toda la noche se presentan antes de marcharse.

.

No es aconsejable salir a la calle mucho más tarde, he perdido casi todas las manos del juego y ya no se si llevo mas cervezas que cafés... Es hora de irse.

.

.

Catorce minutos después estoy cepillándome los dientes en el hostal. Acordándome de Suecia, pensando en el arroz con fruta en almíbar, en poner un puesto ambulante de arroz con fruta en almíbar por el centro de Estocolmo y usar como reclamo uno de esos guantes gigantes de gomaespuma que se ven en los campos de béisbol.

.

.

Escupo en el lavabo y no salgo del baño hasta que todo el dentífrico resbala por el desagüe.

.

Demasiado despierto para dormir. Demasiado dormido para ser sensato.